Cuando un personaje toma una decisión que tú nunca tomarías
Escribir también consiste en saber cuándo dejar de proteger a un personaje y permitir que tome la peor decisión posible. No la decisión que tomarías tú. No la más sensata. No la que te gustaría defender delante de nadie. La que tomaría él. Uno de los errores más fáciles al crear personajes de ficción es convertirlos, casi sin darnos cuenta, en extensiones de nuestros propios principios. Queremos que actúen con una lógica que compartimos, que aprendan a tiempo, que reconozcan sus errores o que elijan aquello que nosotros consideraríamos correcto. Pero los personajes no están ahí para representarnos moralmente. Están ahí para ser coherentes consigo mismos. Y esa diferencia es enorme. Un personaje puede saber que una relación le hace daño y regresar a ella. Puede mentir cuando decir la verdad solucionaría prácticamente todo. Puede traicionar a alguien que quiere, elegir por miedo, actuar por orgullo o destruir exactamente aquello que lleva toda la historia intentando conseguir. Desde fue...