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Mostrando entradas de septiembre, 2026

Cuando una historia mejora al ponérselo más difícil al personaje

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Una historia no siempre mejora cuando hacemos las cosas más grandes, más espectaculares o más emotivas. Muchas veces mejora cuando dejamos de preguntarnos qué sería más bonito para el personaje y empezamos a hacernos una pregunta bastante más incómoda: ¿Qué sería lo más difícil para él? Esa pregunta puede cambiar por completo una escena, una secuencia o incluso toda la estructura de una historia. Cuando escribimos ficción, es bastante fácil caer en la tentación de proteger a nuestros personajes. Los conocemos, entendemos sus heridas, sabemos qué desean y, de alguna manera, queremos que las cosas les salgan bien. El problema es que una historia necesita resistencia . Si un personaje consigue demasiado pronto aquello que quiere, si toma siempre la decisión correcta o si los obstáculos desaparecen en cuanto aparecen, el relato pierde tensión. No porque necesitemos hacer sufrir gratuitamente a nadie, sino porque el conflicto es precisamente lo que obliga a un personaje a mostrarnos quién e...

Cuando un personaje toma una decisión que tú nunca tomarías

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Escribir también consiste en saber cuándo dejar de proteger a un personaje y permitir que tome la peor decisión posible. No la decisión que tomarías tú. No la más sensata. No la que te gustaría defender delante de nadie. La que tomaría él. Uno de los errores más fáciles al crear personajes de ficción es convertirlos, casi sin darnos cuenta, en extensiones de nuestros propios principios. Queremos que actúen con una lógica que compartimos, que aprendan a tiempo, que reconozcan sus errores o que elijan aquello que nosotros consideraríamos correcto. Pero los personajes no están ahí para representarnos moralmente. Están ahí para ser coherentes consigo mismos. Y esa diferencia es enorme. Un personaje puede saber que una relación le hace daño y regresar a ella. Puede mentir cuando decir la verdad solucionaría prácticamente todo. Puede traicionar a alguien que quiere, elegir por miedo, actuar por orgullo o destruir exactamente aquello que lleva toda la historia intentando conseguir. Desde fue...

Cuando un personaje deja de ser una idea y empieza a sentirse real

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  Una de las cosas que más me fascina de crear personajes es inventarme personas que no existen y acabar preocupándome por ellas como si fueran familia. Al principio, un personaje suele ser poco más que una intuición. Una edad. Una profesión. Una forma de hablar. Un miedo. Una herida. Una contradicción que parece interesante. Quizá una imagen muy concreta: alguien sentado en una cocina de madrugada, una mujer que entra en una habitación sabiendo que va a mentir, un hombre incapaz de pedir perdón aunque lo necesite. Todavía no es una persona. Es material. Pero poco a poco ocurre algo extraño. Empiezas a hacerte preguntas sobre ese personaje y, casi sin darte cuenta, dejas de buscar respuestas útiles para la trama y empiezas a buscar respuestas coherentes con él. ¿Qué haría realmente en esta situación?  ¿Diría lo que siente o lo escondería? ¿Se marcharía o se quedaría? ¿Perdonaría? ¿Mentiría? ¿Sería capaz de hacer daño para proteger algo que ama? Ahí empieza, para mí, la parte r...