Cuando una historia mejora al ponérselo más difícil al personaje
Una historia no siempre mejora cuando hacemos las cosas más grandes, más espectaculares o más emotivas. Muchas veces mejora cuando dejamos de preguntarnos qué sería más bonito para el personaje y empezamos a hacernos una pregunta bastante más incómoda: ¿Qué sería lo más difícil para él? Esa pregunta puede cambiar por completo una escena, una secuencia o incluso toda la estructura de una historia. Cuando escribimos ficción, es bastante fácil caer en la tentación de proteger a nuestros personajes. Los conocemos, entendemos sus heridas, sabemos qué desean y, de alguna manera, queremos que las cosas les salgan bien. El problema es que una historia necesita resistencia . Si un personaje consigue demasiado pronto aquello que quiere, si toma siempre la decisión correcta o si los obstáculos desaparecen en cuanto aparecen, el relato pierde tensión. No porque necesitemos hacer sufrir gratuitamente a nadie, sino porque el conflicto es precisamente lo que obliga a un personaje a mostrarnos quién e...